Reflexión, A Propósito de Irma y María

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No todos tenemos el privilegio de vivir en una casa de concreto, en una calle asfaltada, por donde no pasa una cañada, alejados del río, lejos de la costa. Es probable que muchos entiendan, incluso por razones geográficas, que prepararse para la llegada de María no es necesario, porque, además, Irma ni siquiera pasó por aquí.

Nunca entenderé la decepción de algunos porque un huracán desvió su ruta, de hecho, yo rezo para eso, para que se desvíe, para que no pase; sin embargo, me preparo. No voy a poner candado después que me roben y, además, no me pesa. Quizás la preparación para mí y muchos de mis amigos, sea ir al súper y comprar par de latas de algo, y pedir tres botellones de agua. Pero para muchos, especialmente a las zonas costeras de la zona norte-este, los que viven cercanos a ríos y cañadas, los que tienen casas que se las lleva un soplo, para ellos esta situación es preocupante, y la preparación incluso significaría dejar sus casas y sus cosas y quizás incluso perderlas. Esta preocupación debe ser de todos, como sociedad, como pueblo.

Recuerdo cuando George que nos acostamos con la Información que el huracán no pasaría por aquí y nos despertamos ese miércoles con el ciclón encima.

Entonces me apena y me prende la ligereza, y agrego también irresponsabilidad, con las que algunos descalifican y catalogan de innecesarias las precauciones que otros están tomando, y critican las medidas de los organismos oficiales, de rescate y de gobierno. Irónicamente justamente como lo hicieron con George, donde la queja era que nadie se preparó porque nadie los alertó.

Si usted por algún motivo entiende que no es necesario ser precavido, quizás sería también conveniente que no ande desinformando a las personas.

Mientras espero con mi casa lista, por si acaso, y orando para que ese “acaso” nunca suceda, monitoreo las noticas, y espero que salgamos bien de esto, todos, sin importar si usted fue al supermercado o no.

Porque como quiera es malo dominicanos, como quiera es malo.

 

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La Vida No Te Debe Nada

Originalmente sería un post en FB. Pero lo encontré muy largo, así que lo dejo por aquí.

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La vida no te debe nada.

Tus padres no te deben nada.

Tus amigos no te deben nada.

El universo no te debe nada.

Nadie va a venir a decirte “mira, aquí están los $$$$, que NO ahorraste, están en tu cuenta”.  Tampoco vendrá esa promoción, porque entiendes que tienes derecho a recibir las cosas por las que otros obviamente sí se han esforzado.  Si no mueves ese fundillo y comienzas a trabajar para lograr lo que te propones, estás condenado a quedarte en el mismo lugar, mirando desde atrás las espaldas de aquellos que van, de acuerdo a tu percepción, “con ventajas”.  No podrás recibir amor donde no lo siembras.  No podrás esperar empatía cuando no la sientes.

Ninguna entidad cósmica vendrá a llenarnos de la abundancia de lo que nos creemos en derecho de merecer; cuando no hemos hecho nada para ello.  Recibimos lo que damos, no se siembran limones para cosechar piñas.  Sería bueno recordar siempre que el rastro que dejemos por la vida debería ser uno bonito, de cariños, de nostalgias de momentos únicos, de provecho, que no sea canalla; porque quién a hierro mata no puede pretender morir a sombrerazos.

Hasta que no dejemos esa actitud de incomprendidos, dejemos de pintarnos como víctimas del infortunio, quejarnos con cualquier oyente dispuesto de la mala suerte del destino, de envidar la “buena leche” de los demás, esos que sí han asumido la responsabilidad de sus vidas, en las buenas y en las malas; hasta que entendamos que aparte de algunos factores externos la responsabilidad de la dirección de nuestro camino es enteramente propia, seguiremos echándole la culpa de todo a los demás.  Es más fácil, nos exonera de tener que vernos al espejo y ver un reflejo que no nos gusta.  Pero, sobre todo, nos permite quedarnos en la comodidad de una “injusticia” que es, obviamente, muy injusta; y eso es bastante conveniente.

Mientras nos evadimos, el mundo alrededor sigue floreciendo, las cosas buenas siguen pasando, las malas también.  Y probablemente llegue un momento en que nuestro alrededor se canse de escuchar las quejas eternas de la “mala suerte” producto de las cosas que simplemente no tenemos deseos de cambiar, porque todavía no hemos entendido que…

…El universo no te debe nada.

Tus amigos no te deben nada.

Tus padres no te deben nada.

La vida no te debe nada.

Día Internacional de la Mujer

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No es que yo sea hater, que quiera llevar la contraria, que sea izquierdista, machista, que no valore el género, que crea que somos menos, no. El tema mío con la felicitadera un día como hoy es que usted agarra a cualquiera de los hombres que les ha felicitado y le pregunta el porqué de la felicitación y no va a saber en realidad qué se conmemora hoy o por qué la está felicitando.

A mi entender esto es una muestra de que a pesar de todo el camino transcurrido todavía existe una falta de conocimiento de las luchas de las mujeres generación tras generación, un no-reconocimiento de nuestros derechos. Y hasta puede notarse un dejo de condescendencia de parte de algunos. Básicamente le dirán que la felicitan por ser mujer, lo más lindo sobre la tierra (lo que es cierto, pero eso es otro tema), o sea, que en esencia nos están felicitando y dándonos un día por tener popona.

Esta mañana escuchaba en las efemérides por radio que hoy se celebra un año más del reconocimiento de la “capacidad intelectual de la mujer para votar”. Aparentemente hace 80 años no teníamos cerebro.

Entonces no, prefiero la no-felicitación y esperar el respeto y el reconocimiento de equidad de genero.

Prefiero que el día que quiera salir con el escote hasta el ombligo no sea juzgada por eso, y el día que decida no hacerlo, tampoco.

Prefiero que cuando aplique a un puesto de trabajo el salario ofertado sea igual o mayor que el de los demás concursantes masculinos.

Prefiero que no me levantes la mano, que no me levantes la voz. Que no me marques el cuerpo y el alma con abusos.

Prefiero que en una entrevista no me pregunten si estoy casada, si tengo hijos o si pienso tenerlos en un futuro cercano, porque las mujeres con hijos piden muchos permisos y hay que darles licencia de maternidad.

Prefiero que no te sientas en el derecho de vocearme “piropos” en la calle, que entiendas que eso no es un halago, es una agresión, es acoso.

Prefiero que no me ordenes la comida a menos que te lo pida. Yo sé lo que deseo comer, yo tengo mis gustos, yo sé que quiero. Y el día que no sepa, que me dejes ser.

Prefiero que el largo de mi falda no sea permiso automático para descartarme e irrespetarme.

Prefiero que no mutilen mi cuerpo, que termine la violencia sin sentido que viven día a días mujeres en naciones cuyas costumbres y leyes no entendemos, a quienes intentan quitarles su dignidad a diario, y cuya fuerza las mantiene vivas.

Pero más que todo eso, prefiero que entiendan que cada mujer lleva su lucha individual, interna, externa, que los demás saben, que los otros ignoran, pero una lucha que inició al nacer y no terminará al morir. Una lucha que seguirá la generación que viene detrás, con deseos fervientes de que llegue el momento en el que la igualdad, el respeto y los derechos nos sean totalmente reconocidos; de manera que no haya sentido en celebrar este día, de manera que sobren las “felicitaciones”. Porque todas desde nuestro lugar, posición y circunstancias, somos valiosas, somos guerreras y somos unas maRditas duras.

 

Me dejas?

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-¿Me dejas mostrarte el mundo?

-Sólo si me besas hasta la inconsciencia.

Y así fue.

Vio el mundo a través de sus ojos.

Y vivió las noches enredada en sus brazos.

Y todo fue eterno y todo fue efímero.

Solía pensar que eran amantes a destiempo. Maldecidos sólo para coincidir en sus desencuentros.  Y en esos breves momentos todo era hermoso, todo era perfecto, hasta que todo se consumía en fuego… Para luego comenzar de nuevo.

-¿Me dejas mostrarte el mundo?

Las Mujeres somos e’r Diablo.

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La verdad es que nosotras como mujeres somos un género del carajo.

El otro día escuchaba un cuento donde una mujer no había ido a dormir a su casa y el marido llamó a sus amigas y nadie supo decirle donde estaba. A los pocos días el marido no va a dormir a la casa y la esposa llama a sus amigos, tres de ellos le dijeron que había amanecido ahí pero ya se había ido y uno le dijo que el pana todavía estaba allá durmiendo.

No estoy hablando de la facilidad para meter cuentos, sino de la lealtad, y esto me puso a pensar en ello.

Somos duras con nuestro mismo género. Nos juzgamos desde el largo de la falda hasta las decisiones de vida, nos descartamos, nos minimizamos, nos atacamos, en algunos casos intentamos jodernos de una u otra forma las unas a las otras. Sin ponerle el sombrero a nadie y por eso lo escribo en sentido general. Claro, con la anotación para que no me caigan encima, de que no todas somos iguales.

Una vez escuché a una mujer, y me lo encontré tan descabellado porque es una buena amiga, decir que aquella a la que un hombre le dé golpes, debería de darle más duro la próxima vez para “que aprenda”, porque si ella sigue con él se lo merece. Al entrar en disputa sobre el tema, porque a mi entender estaba relajando, me percaté que no, que realmente éste era su pensamiento. En mi cabeza es algo que no cabe. Entender la cadena del abuso, sentir empatía por las demás, aunque no entendamos su situación pues nunca le hemos vivido, presenta más motivos para no emitir un juicio a la ligera sobre algo tan terrible, traumático y difícil.

Es como si cada día apareciera una nueva vara para medir a quien es una “mujer completa”. En algún libro habrán leído que para ser una mujer completa hay que tener hijos, aparentemente en otro libro dice que para eso es necesario quedarse en casa a cuidarlos, y otra corriente filosófica moderna indica que hay que hacer las dos cosas, salir a la calle a trabajar y cuidar a los hijos, pero ojo: sin nana, porque tener una es ser una madre desnaturalizada, que deja que otros les críen a sus hijos. Entonces ahí vienen con “¿si no los iba a cuidar para qué los tuvo?”. Cóño si no jodieran tanto con eso quizás no los tiene.

Pero la cosa no se queda ahí, resulta que otra teoría dice que para usted ser una mamá real tiene que haber parido al muchacho, porque una cesárea no es parir, y siguiendo en esa onda, si por algún motivo usted no da el seno, hay que llamar a Alicia Ortega y quitarle ese muchacho porque usted no lo quiere.

Si por H o por R usted decide no tener hijos (o no puede), ahí es que la pintura es dura, dos tías se escandalizan, toda una congregación cristiana la acusa de hereje y las demás le sacan el cuerpo porque usted no es más que un engendro del infierno, y la bautizan como la hija favorita de satanás. Mientras le tiran la cantaleta de por qué uno “tiene’” que tener hijos, que va desde sentir el amor más grande (que no lo dudo, estoy totalmente de acuerdo, porque yo también tengo padres), hasta el infame “tú no vas a tener quien te cuide cuando seas vieja”, pasando por el “tú no sabes la cantidad de gente que quisiera tener uno y no puede”.

Si se hizo una cirugía, ¿para qué se la hizo?, en vez de gastar esos cuartos en otra cosa, que lo más seguro es bruta y/o chapeadora. Oh! Pero si sus cuartos son de ella, que los gaste como quiera. Cantidad de gente fea que yo conozco que no pueden ser más brutas y muchas otras maltramadas que chapean más que machete en conuco. No queremos que nos juzguen por nuestra apariencia, pero rapidito le caemos arriba a la que quiso ponerse las tetas.

Somos rápidas con los juicios, lentas como tortuga para ponernos los zapatos ajenos.

Es muy cómodo emitir juicios desde una posición X, porque esa fue la posición en la que usted decidió estar, o la que se metió y ahora, aunque quiera, no puede cambiar. Sin embargo, y ahí está lo bonito de la vida, cada una tiene una visión diferente, y lo mejor de todo es que cada una vive la que tiene.

Pero lo importante de toda esta reflexión, para mí, es que independientemente de la decisión que usted tome, entiendo que esta debe estar motivada por los deseos de su corazón, no por los lineamientos que cualquier sociedad haya trazado porque entienda que es lo “normal”. Si hay algo que yo tengo claro es que en este mundo no hay nada “anormal”, lo que sí hay son diferencias, y en la medida que entendamos eso quizás, de una manera consciente, juzguemos menos.

Y sí, la tijera entretiene, sobre todo en las bodas y la transmisión del Soberano, pero una cosa es el tijereo y otra muy diferente cuestionar los motivos de los demás, minimizarlos o descartarlos solamente porque usted no los comparte o no tienen un lugar alto en su lista de prioridades, que son suyas y de más nadie.

 

Llovía en Cabrera

Llovía en Cabrera

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Mientras miraba el mar desde el balcón donde amaneció un domingo y el sol no se despertó, pensaba sobre las cosas que había vivido en los últimos meses. El recordar se sentía como ver una película desde afuera, donde no se reconocía, donde veía una persona que no era. El momento en que la vida le hizo olvidar quien era para regresarla con mas fuerza, quizás lo doloroso del proceso había valido la pena, claro… siempre y cuando de nuevo no se perdiera.

Hay algo en la naturaleza que te lleva a pensar, cosas que van desde la inmortalidad del cangrejo hasta la insoportable levedad del ser, o cuestionar desde el color del esmalte de uñas hasta las mas importantes decisiones tomadas, y en ambas situaciones la duda es válida.

¿Quiénes somos para cuestionar las decisiones de los demás, y entonces pretender que es injusto cuando cuestionan las nuestras?

He aprendido a no juzgar las decisiones de vida de los demás. Nada es al azar, nada nos trae o nos lleva a un lugar sin un motivo particular. Todo lo que somos, todas nuestras experiencias, la forma en la que nos criaron, las personas que nos acompañaron, las lecciones aprendidas, todo esto está con nosotros cuando tomamos un camino, cuando decidimos por quien, y para que apostar y cuando entendemos que lo principal es encontrar de alguna manera, sin hacer daño a los demás, nuestra propia felicidad. Porque la felicidad es de uno, para uno y por uno. Es individualista, es personalista y de la misma manera que nadie puede vivir tu vida, nadie puede vivir tu felicidad.

En algún momento entendimos que debíamos vivir de acuerdo a preceptos de terceros, lineamientos sociales o credos ajenos, y justo en ese momento comenzamos a perdernos. Y aunque para volver hay que irse, no hay nada mas difícil que encontrarse una vez que nos hemos perdido. Y nos perdemos en el día a día, en el trabajo, en las responsabilidades , en las preocupaciones y en otras personas.

Alguien una vez me dijo que el perdón mas difícil es el que nos damos a nosotros mismos, y sin lugar a dudas tenia razón. No hay sensación mas grande de libertad. Quizás comparada con la libertad de saber que nuestras decisiones son nuestras y la certeza de que en el momento en el que comenzamos a respetar a los demás y sus circunstancias, aprendemos a aceptarnos más a nosotros mismos y las nuestras. Justo ahí somos más felices, tenemos más paz.

Entonces de Nuevo volví a los últimos meses y volví al café. Y volví al paisaje que tenia frente a mi y a pensar en las cosas locas que le vienen a uno a la cabeza, simplemente porque llovía en Cabrera.