Las Mujeres somos e’r Diablo.

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La verdad es que nosotras como mujeres somos un género del carajo.

El otro día escuchaba un cuento donde una mujer no había ido a dormir a su casa y el marido llamó a sus amigas y nadie supo decirle donde estaba. A los pocos días el marido no va a dormir a la casa y la esposa llama a sus amigos, tres de ellos le dijeron que había amanecido ahí pero ya se había ido y uno le dijo que el pana todavía estaba allá durmiendo.

No estoy hablando de la facilidad para meter cuentos, sino de la lealtad, y esto me puso a pensar en ello.

Somos duras con nuestro mismo género. Nos juzgamos desde el largo de la falda hasta las decisiones de vida, nos descartamos, nos minimizamos, nos atacamos, en algunos casos intentamos jodernos de una u otra forma las unas a las otras. Sin ponerle el sombrero a nadie y por eso lo escribo en sentido general. Claro, con la anotación para que no me caigan encima, de que no todas somos iguales.

Una vez escuché a una mujer, y me lo encontré tan descabellado porque es una buena amiga, decir que aquella a la que un hombre le dé golpes, debería de darle más duro la próxima vez para “que aprenda”, porque si ella sigue con él se lo merece. Al entrar en disputa sobre el tema, porque a mi entender estaba relajando, me percaté que no, que realmente éste era su pensamiento. En mi cabeza es algo que no cabe. Entender la cadena del abuso, sentir empatía por las demás, aunque no entendamos su situación pues nunca le hemos vivido, presenta más motivos para no emitir un juicio a la ligera sobre algo tan terrible, traumático y difícil.

Es como si cada día apareciera una nueva vara para medir a quien es una “mujer completa”. En algún libro habrán leído que para ser una mujer completa hay que tener hijos, aparentemente en otro libro dice que para eso es necesario quedarse en casa a cuidarlos, y otra corriente filosófica moderna indica que hay que hacer las dos cosas, salir a la calle a trabajar y cuidar a los hijos, pero ojo: sin nana, porque tener una es ser una madre desnaturalizada, que deja que otros les críen a sus hijos. Entonces ahí vienen con “¿si no los iba a cuidar para qué los tuvo?”. Cóño si no jodieran tanto con eso quizás no los tiene.

Pero la cosa no se queda ahí, resulta que otra teoría dice que para usted ser una mamá real tiene que haber parido al muchacho, porque una cesárea no es parir, y siguiendo en esa onda, si por algún motivo usted no da el seno, hay que llamar a Alicia Ortega y quitarle ese muchacho porque usted no lo quiere.

Si por H o por R usted decide no tener hijos (o no puede), ahí es que la pintura es dura, dos tías se escandalizan, toda una congregación cristiana la acusa de hereje y las demás le sacan el cuerpo porque usted no es más que un engendro del infierno, y la bautizan como la hija favorita de satanás. Mientras le tiran la cantaleta de por qué uno “tiene’” que tener hijos, que va desde sentir el amor más grande (que no lo dudo, estoy totalmente de acuerdo, porque yo también tengo padres), hasta el infame “tú no vas a tener quien te cuide cuando seas vieja”, pasando por el “tú no sabes la cantidad de gente que quisiera tener uno y no puede”.

Si se hizo una cirugía, ¿para qué se la hizo?, en vez de gastar esos cuartos en otra cosa, que lo más seguro es bruta y/o chapeadora. Oh! Pero si sus cuartos son de ella, que los gaste como quiera. Cantidad de gente fea que yo conozco que no pueden ser más brutas y muchas otras maltramadas que chapean más que machete en conuco. No queremos que nos juzguen por nuestra apariencia, pero rapidito le caemos arriba a la que quiso ponerse las tetas.

Somos rápidas con los juicios, lentas como tortuga para ponernos los zapatos ajenos.

Es muy cómodo emitir juicios desde una posición X, porque esa fue la posición en la que usted decidió estar, o la que se metió y ahora, aunque quiera, no puede cambiar. Sin embargo, y ahí está lo bonito de la vida, cada una tiene una visión diferente, y lo mejor de todo es que cada una vive la que tiene.

Pero lo importante de toda esta reflexión, para mí, es que independientemente de la decisión que usted tome, entiendo que esta debe estar motivada por los deseos de su corazón, no por los lineamientos que cualquier sociedad haya trazado porque entienda que es lo “normal”. Si hay algo que yo tengo claro es que en este mundo no hay nada “anormal”, lo que sí hay son diferencias, y en la medida que entendamos eso quizás, de una manera consciente, juzguemos menos.

Y sí, la tijera entretiene, sobre todo en las bodas y la transmisión del Soberano, pero una cosa es el tijereo y otra muy diferente cuestionar los motivos de los demás, minimizarlos o descartarlos solamente porque usted no los comparte o no tienen un lugar alto en su lista de prioridades, que son suyas y de más nadie.

 

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