El Que No se Puede Tirar, Que Se Jondée

courage

Hace unas semanas tuve mi primer trabajo, podríamos decir “grande”, como parte de un proyecto personal que estoy iniciando. Y aunque sé que puse todo mi esfuerzo, y que trabajé lo mejor que pude dadas mis capacidades, me quedaba cierta duda del nivel de satisfacción del cliente, sobre todo porque era la primera vez que me tocaba trabajar con él, y es muy importante retenerlo. No fue hasta que recibí una retroalimentación positiva que me sentí totalmente contenta con el trabajo.

No es que no me encontrara satisfecha, porque sé que estaba bien, sin embargo es muy diferente la energía que uno siente cuando recibe retroalimentaciones positivas de los demás.

Cierta incertidumbre se crea cuando se inicia algo nuevo, y muchas veces uno se deja envolver en la ansiedad que crea el miedo y no toma acción. Pero no tomar acción, ES tomar acción, se toma la opción de no hacer nada y pues… nada pasa.

El miedo es una cosa que puede paralizar hasta al más “duro”, si se llega a experimentar, y a todo el mundo le ha pasado eso en algún momento, que no sabe qué hacer o simplemente decide no hacer nada frente a una situación X.

Particularmente, yo ODIO los libros de autoayuda. Me parecen redundantes y en realidad sólo dicen cosas que uno ya sabe o se imagina, ya sea que lo aplique o no. Entonces me parecen aburridos. Es como el existencialismo (para mí, claro), me estresa. Cómo puedo pasarme una semana leyendo sobre el significado de la vida como que le saca la emoción a vivirla. Así que por favor, no vean estas líneas como algo parecido porque no lo es.

He aprendido a ver el miedo como “un indicador de importancia”, si no me da miedo, entonces no es importante, carece de importancia para mí lo que pueda ganar o perder, por lo tanto no es motivador, no es retador. El miedo me indica cuando algo es importante para mi, para mi seguridad, para mis necesidades.

Hay gente que habla de que no le tiene miedo a nada, como mi amiga Violeta, que sólo le tiene miedo a las cucarachas, y no la culpo, yo también, yo puedo rajarme a dar gritos mientras salgo juyéndole a una. A veces quisiera ser así, porque al final la gente así es la que todos perciben como Valientes.

Sin embargo yo creo que existe otro tipo de valentía, y es esa que resulta de actuar a pesar del miedo. La determinación de no sentarse a esperar que llegue el coraje, sino ponerse la cachucha para atrás y meter mano. Hay algo que uno nunca podrá controlar y son los resultados, por eso es que uno tiene que olvidarse de cuáles serán, y enfocarse en el trabajo que tiene por delante, ya sea algo personal o laboral, dejando de lado los posibles resultados, porque al final si no logras lo que te has propuesto es 100% seguro que terminarás siendo mejor persona que cuando comenzaste. Como escuché a un gringo decir: You gotta get through it, to get to it.

Es bueno rescatar eso que siempre quisiste hacer y por algún motivo lo tienes en una gaveta de tu cabeza, dale un chance e inténtalo, podrías no llegar a nada, pero podrías lograrlo. En cualquier caso lo que sí es seguro es que te brindará una gran satisfacción el haberlo intentado. Aunque sea algo tan sencillo como tirarse de los 27 Charcos de Damajagua, el valor es algo que le das tú.

Así que sea cuál sea tu proyecto: un nuevo trabajo, estudios, nuevas responsabilidades, aprender a bailar, emigrar, iniciar un nuevo régimen, aprender a nadar, o incluso a tejer; si sientes ese miedo que amenaza con dejarte en tu zona de confort y no te permite lanzarte, hazlo… porque si lo sientes, definitivamente es importante.

Como diría Doña Josefina: El que no se puede tirar, que se jondée.