Una Historia Corta.

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Yo comenzaba mis vacaciones hoy.

Corrigiendo, debí comenzar mis vacaciones hoy.  Pero no.  Yo privo en buena gente y un cliente me pidió unos reportes, algo que al fin y al cabo no era mi responsabilidad, sin embargo ese sentimiento de responsabilidad que a uno se le mete, a veces la jode.

Dando vueltas en la cama se me hizo tarde, así que no pude desayunar.  Mientras tranquilamente me preparaba un sándwich en la cocina, pensaba en que sólo era un día más y que ya mañana me iba a despertar a la hora que me diera la gana.  Aunque todo el mundo sabe que eso es mentira, cuando uno sale de vacaciones el reloj biológico lo traiciona y por lo general uno viene a despertarse tarde justo dos días antes que las vacaciones se terminen.

Eso sí, que me preparé el real pan. A ustedes les ha pasado que se están preparando el desayuno y cuando terminan ven que sólo queda un chin de jamón y piensan  “nadie se va a comer ese chin”, así que agarran y preñan el pan que casi no cierra?  Que uno no quiere ni ponerlo en la tostadora para que el queso no se le salga?  Pues eso pasó.

Concho, ya no me va a dar tiempo terminar de arreglarme.  Metí  el sándwich, los aretes y el collar en la cartera. “Eso yo me los pongo cuando llegue”. Y con el celular en el bolsillo salí de mi casa.

No los vi llegar, no sentí el motor, por mi madre que venían con el motor apagado porque ni un susurro se escuchó. Me quedé fría, que digo fía, me quedé tiesa. Me dijeron que les diera la cartera y se la dí.  Me dijeron que les pasara el reloj y extendí el brazo, me lo quitó el que se desmontó, no se me olvida la cara de ese desgraciado, con su poloshirt blanco y la gorra roja.  Mi reloj nuevo que yo misma me regalé de cumpleaños.  Un reloj caro, no un Swatch de esos que tiene todo el mundo.  No, yo me había regalado un relojazo.  Uno que ahora iba a tener en su muñeca una tierrita mujer de atracador, de sabrá Dios que Barrio adentro, para ponérselo y sacarlo a pasear a un Drink de mala muerte, donde  nadie sabe lo que es eso y todo el mundo va a pensar que es una réplica.

Así como llegaron, sin hacer ruido, se fueron.  Y yo me quedé ahí en la acera.  Todavía fría, que digo fría, tiesa.  Pasaron unos segundos y pude respirar, se me aflojaron las piernas, y comencé a llorar mientras pensaba en la suerte que tuve que no me dieran dos galletas o me pegaran un tiro.

Yo, que comenzaba mis vacaciones hoy, me senté en la sala de mi casa esperando que se me pasara la impresión.  Y es que uno piensa que esas cosas nunca le pasarán…

*sigh* …   lo peor de todo era que se habían llevado mi pan.

(Una Historia Corta, parte de mis tareas del Curso de Escritura Creativa. Basado en un hecho real sucedido hace aproximadamente 4 años)

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