Un Día

(Un pequeño disclaimer: Es la primera vez que escribo sobre esto porque siempre ha sido algo extremadamente persnal, lo he hecho de una manera ligera, sin intención de faltarle el respeto a un tema que es en extremo personal, pero sobre todo un asunto serio)

Un día dejé de comer.  

Pero no fue algo que yo planeara, no fue algo consciente, fue producto de muchos disparates que a uno se le meten, pero de una forma en la que uno no se da cuenta, así que para mí, fue una cosa como natural.  No fue por un par de días, ni por un par de semanas, fueron meses.

Yo podría pasarme el día sólo con un platanito en el estómago, ah! Y una coca cola light, por supuesto.  Pero si iba a salir no comía nada.  Si iba a un restaurante, “batía la comida”, le repartía de mi plato a mis compañeros, para que lo “probaran”  y el chin que quedaba en el plato, lo regaba… para que se viera poco.  O en su defecto pedía un postre… son pequeños y por lo general se comparten.

Un día me enfermé.

Eso sí, que estaba muñeca – muñeca, en el chásis.  Pasaba por largos períodos de estreñimiento, y me refiero a largos períodos, o sea cinco días, una semana.  Para luego caer en largos períodos de diarrea total, que cualquier cosa que ingería era directico para el baño.  Pero yo lo veía normal.  Tuvieron que extirparme la vesícula, no tengo idea de si eso tiene algo que ver.  Meses después me comenzaron unos dolores de estómago, alrededor del ombligo, pero no era como dentro del estómago, era como fuera, como un dolor muscular.  Yo asumí que eran producto del gimnasio.  Hasta que meses después, un lunes de Julio el dolor me dobló, me tumbó de una manera que no me pude levantar de la cama.  Y ahí comenzó todo.

Un día me internaron.

Y duraron dos días pasa saber qué era lo que yo tenía.  Y me pusieron una sonda nasogástrica, que es la vaina más incómoda del mundo, sobre todo porque te meten ese tubo por la nariz que va directo al estómago… sin anestesia.  Y cada vez que esa vaina se movía, uno veía er diablo. Además me rompió la nariz en dos.  Mi naricita tan linda que yo tenía (bueno, la sigo teniendo, pero ‘tá medio pandiá de un lado). Resulta que tenía una oclusión intestinal.  Imagínese usted cuando una manguera se enreda, pues más o menos así tenía yo el intestino… lo que no recuerdo ni pregunté era cuál de los dos, si el grueso o el delgado.  El caso es lo mismo, ello había un nudo y no cualquier nudo.  Por lo que procedieron a abrirme como un pavo a rellenar, y a desenredar ese problema.  Y el día que me fueron a ver Paola y Joan y Alberto, ese mismo día, me volvió a dar un Yeyo.

Un día casi me muero.

Porque aparte de que el malcomío no piensa, resulta que tampoco puede resistir cirugías.  Mis niveles de proteínas eran inexistentes, yo parecía una salamanqueja, yo creo que ya había llegado a mi peso más bajo que fueron 109 lbs., yo creo que ya me había muerto y nadie me lo dijo.  Se armó el juidero para buscar sangre, porque tenían que ponerme.  Me quitaron el suero del brazo y me pusieron una “línea central” o cateter venoso central en la parte superior del pecho, casi en el cuello, porque había que alimentarme de alguna forma. Y un nutricionista preparaba mi “comida” y me la ponían por ahí también.

Un día me llevaron a cuidados intensivos.

Y yo comencé a llorar porque entre dormida y despierta escuchaba al doctor hablando de que había que hacerme una transfusión.  Entónces apareció una jeva, Rosa se llamaba.  Y llegó a mi habitación diciéndome que ella trabajaba en la clínica y que había visto mi nombre en admisiones, y recordó que ella me conocía porque también trabajaba en la misma empresa que yo.  Pero yo no me acordaba de ella.  Me habló y me habló hasta que me tranquilizó.  No la volví a ver.

Pasé 8 días ahí.  Entre dormir y despertar. Entre escuchar los chismes de las enfermeras. Tratando de no moverme porque la sonda nasogástrica se movía al rozar el oxígeno, y eso me daba náuseas.  Eso si es incómodo, tener oxígeno puesto, es como si te soplaran en la nariz.  A veces cuando las enfermeras no veían, me los quitaba.

Un día soñé cosas extrañas.

Soñé con los muñequitos de mi infancia.  Soñé que papi estaba acostado al lado de mí, y me pasaba la  mano por la cabeza.  Es curioso, yo no le veía la cara, porque estaba acostada sobre su pecho, pero sí tenía una camisa de cuadritos chiquitos azules y blancos, y unos pantalones oscuros con zapatos negros.  Digo que soñé, pero me gusta pensar que estuvo ahí.  Tuve un sueño erótico con una compañera de trabajo, si pongo el nombre me mata, pero no era que yo estaba con ella, era que ella estaba con alguien y yo los veía.  Yo creo que los medicamentos son una vaina del carajo, porque entre sueños extraños, alucinaciones y jugar haciendo subir unas bolitas aspirando por un tupo, se me pasaron los días.

Un día yo me tiré un peo.

Sí, una semana después de la cirugía yo me tiré un peo. No se rían, que es algo muy importante.  Fue el momento más esperado por las enfermeras, hubo gritos de alegría en cuidados intensivos y llamadas frenéticas al médico.  Pero lo chulo fue cuando algunas horas después hice pupú. Nada más faltaron globos y pancartas.  Resulta que eso fue la demostración de que mis intestinos estaban funcionando y de que estaba saliendo de todo poco a poco.

Un día me fui a mi casa.

Parecía una Tortuga Ninja cuando me fui, inflamada.  Con más medicamentos que botica popular.  Con más indicaciones que una dirección en Waze.  Con una deuda parecida a la externa (en este país uno no se puede enfermar), con una familia que son mi apoyo incondicional, sin ninguna pregunta qué hacer,  que sólo dos meses después me dijeron que ellos pensaban que yo de esa no salía, pero que no me dijeron nada para no preocuparme.

Un día entendí algunas cosas.

No importa que usted sea redondito, llenita de amor (como dicen), que llame a su amiga Mayra todas las noches llorando porque le hayan dejado el ombligo que parece una alcancía (porque tú tenías ese ombligo bien lindo). Lo importante eres tú, nadie debe pretender fijar tu valor en lugares donde no hay valor alguno.

Un día yo estuve bien.

STAY HEALTHY AND BE SAFE.

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