“Ello Hay Que Soltar”

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Yo era una de las que solía pensar que los gringos eran unos locos (dentro de la clasificación gringos, incluir por favor a la mayoría de los extranjeros).  Solía preguntarme cómo era posible que la gente dejara su casa, su familia, sus trabajos y se decidieran a aventurar en un país extranjero, llegando con “una mano adelante y otra atrás”, a empezar de cero.

Pero yo soy dominicana, nací y me crie aquí.  Y aquí crían a uno “de su casa”, aquí a los padres los hijos les dicen que se van a vivir solos y les da un yeyo.  Y no muchachitos jóvenes, me refiero a gente vieja.

Hace años, cuando yo estaba más joven, si un muchacho de 18 o 19 años se le ocurría decirle eso a los papás, de inmediato se crean rumores de que el muchacho es homosexual, que se va a mudar por eso, para darle rienda suelta a su vida oculta lejos del escrutinio paterno.  Si es una muchacha, es porque es loca, es una vagabunda que va a dedicarse a vivir la vida salvaje, o en su defecto de una vez le inventan que eso es que ella anda con un viejo casado y que el hombre la “mudó”.

Esa era la tendencia hace algunos años, es bueno ver que hay ya cierta apertura y aceptación a que cada vez más jóvenes se decidan a mudarse, a abrazar su independencia sin necesariamente hacerlo porque han contraído matrimonio, porque ésa era la razón por la que los hijos dejaban la casa, porque se casaban.

A medida fui creciendo fui entendiendo que a los gringos no les daba un arranque de locura temporal, sino que esto era costumbre.  Ya a los 18 a los padres comienzan a “jederle” los hijos.  Ya les van diciendo que tienen que ponerse a trabajar, que tienen que ponerse a estudiar, que tienen que asumir su adultez y buscar su independencia.

Para eso son los 20’s para aventurarse, buscar su destino.  Si al final las cosas no resultan como esperado, pues retornar a casa y comenzar de nuevo.  O ni siquiera eso, irse a otro lugar.  Eso lo entendí ya después de mis 30’s, cuando uno ve la vida con un poco más de objetividad y se vuelve  más práctico.

Fue cuando comencé a notar que a nosotros los dominicanos nos cuesta eso.  Nos cuesta dejar la seguridad de los padres y lanzarnos solos.  Crecemos en casa de los padres.  Terminamos la escuela y seguimos (salvo algunos casos) en casa de los padres.  Cursamos la Universidad completica y seguimos en casa de los padres y cuando nos vamos es porque ya nos casamos y nos vamos a vivir con nuestra pareja.

No existe un modelo cultural o social que impulse al joven dominicano a aventurarse.  Los papás tampoco quieren soltar a sus muchachos a la calle.  Todavía el muchacho crece, se consigue un trabajo y vive sin poner siquiera 60 pesos en la casa para comprar un botellón de agua, es más, el papá hasta le paga el celular al tajalán.

En otros países, ya a los 18-19 años los muchachos tienen que ir buscando su “determinio” como diría mi amiga Patricia. Ya sea forzados porque deben mudarse a estudiar a otra ciudad o porque ya no quieren estar en casa de sus padres.  Existe un deseo de independencia que en muchas culturas latinoamericanas no existe.

 Y claro que ahora hay mucha gente que se va a estudiar fuera, a hacer maestrías, etc., algunos becados y otros no, sin embargo todos recibiendo el apoyo económico paterno.  Y no es que esté mal o que esté en contra de eso.  En caso de yo tener hijos haría hasta lo imposible por apoyarlos en todo lo que yo pueda, pero también espero poder inculcarle un espíritu libre y un sentimiento de independencia que le permita recibir mi apoyo pero que no coarte su libertad y no fomente una dependencia que no es saludable.

En definitiva creo que nos han criado en una zona de confort tan confortable (valga la “rebuznancia”), que nos da flojera salirnos de ahí.

“Ello hay que soltar”

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