¿ADONDE SE HABRA MARCHADO?

Voy a compratir este artículo conustedes, originalmente publicado por Diario Libre el día de hoy, porque concuerdo 100% con el mismo, y me vi reflejada en muchas de las situaciones que aquí se plantean.  Disfrutenlo y saquen sus propias conclusiones.

¿ADONDE SE HABRA MARCHADO?

Se fue. Ya no está más entre nosotros. Quedan unos poquísimos vestigios de su existencia, pero ya ni se acuerdan de ella. Perdón, sí se acuerdan. La mencionan cada dos por tres en cualquier anuncio de cualquier cosa, pero su espíritu ya no habita en casi nadie. La mencionan para promoverse, para hacer negocios y cerrar contratos, en fin, para ganar dinero. Pero, una vez firmado el contrato, ya no hace falta.

Es un hada dulce y buena que, como la brisa fresca, no puede ser vista, pero deja sentir su grata presencia. Antes la encontraba casi en todas partes. Ahora me es difícil sentir su presencia. Me refiero a ella en presente, porque existe, aunque no está aquí. Cualquiera puede utilizar su magia, pero a muchos les cuesta trabajo imbuirse de su espíritu. Y los nuevos ni la conocen. Nadie se la presentó nunca.

Parece que los tiempos y las circunstancias han hecho que, para poder ganar más dinero, muchos empresarios tengan personal y sistemas más… económicos, diríamos. Y, como todas las cosas buenas, ella no es precisamente lo más barato.

Me hace falta verla cuando voy a las tiendas. Antes iba por el placer de ir a comprar y ver. Hoy voy por la necesidad de comprar. Pienso mucho en ella, cuando veo que los dependientes de esas tiendas no tienen ni idea de lo que se vende en el negocio. Y cuando ni siquiera tienen la cortesía de excusarse y, mucho menos, la iniciativa de buscar a alguien que pueda ayudar a quien lo necesita. Que, además, se supone que va a gastar su dinero y a hacer que ese dependiente pueda permanecer allí. Y cada día venden más caro.

La echo de menos en los bancos. Antes los oficiales de cuentas eran personas de cierta madurez y mucha preparación. Tenían la capacidad de orientar al cliente en cuanto a las transacciones que quería realizar. Hoy no saben mucho de bancos y es difícil hablar con el oficial que supuestamente uno tiene asignado. Casi imposible entrevistarse con él. Los servicios, aunque ahora haya muchos, ya no son tan buenos. Y cada día cobran más por ellos.

Cómo la añoro cuando debo hacer alguna reclamación a las compañías de servicios. Agua, energía, comunicaciones, entretenimiento… Difícil situación. Al personal que me atiende, le hacen aprenderse de memoria una salmodia de la cual es imposible hacerlos salir para que entiendan realmente qué es lo que es lo que quiero. Misteriosamente, casi nunca tengo la razón. Por cualquier cosa quieren cobrarme adicionalmente a las tarifas fijas que pago mensual y religiosamente. Y cada día suben las tarifas.

Definitivamente, ya no está en aquel producto que solía comprar. Ahora sabe diferente y aparentemente el envase trae menos cantidad. Eso sí, las etiquetas dicen maravillas y la promoción canta prodigios. Y cada día cuesta más.

No siento su presencia cuando voy al taller a buscar mi vehículo recién reparado. Salgo de allí con el gusto amargo de haber pagado un dineral y darme cuenta de que el trabajo se hizo como por cobrar rápido y salir de mí. Y cada día cobran más.

Además, me resulta incongruente que una persona que me esté atendiendo, me deje con la palabra en la boca para atender su celular. Puede ser cualquiera, incluso una cajera de supermercado mientras pasa la mercancía para cobrar.

Qué decir del que ni cuenta se da que estoy frente a él, porque está oyendo música con sus audífonos a todo volumen, chateando con alguien o revisando su correo electrónico. Después de eso, quizá le sobre un poco de tiempo para dedicarme un saludo masticado y poner cara de alelado esperando que yo le cuente la razón de mi visita.

Y rezo por no tener ninguna desavenencia con aquel que me atiende. Porque, ¡ay de mí!, si me viera en la necesidad de solicitar la presencia de un supervisor, mucho menos de un gerente. Esa es una especie extinta. Más me vale poder negociar con el que me atiende. Los supervisores y gerentes han desaparecido como la protagonista de esta historia.

Hoy no existe aquello que llamábamos servicio al cliente. Aunque muchas compañías tengan departamentos con grandes cartelones que así lo anuncian. Sería más honesto llamarlos departamentos de “relaciones con los clientes”. Porque las relaciones pueden ser buenas o malas, pero servicio sólo puede ser eso: servicio.

Algunos me dicen que es que me estoy poniendo viejo. Y digo que sí. Que como conocí mejores tiempos, se me hace difícil manejarme en estos otros de una impersonalidad que se apodera de todas las relaciones. Igual que no puede explicársele a un ciego de nacimiento lo que es un color, es imposible que muchos de los que me llaman exigente entiendan de qué estoy hablando. Ya casi no quedan puntos de referencia.

Pero, en fin, tendré que acostumbrarme. Todos tendremos que acostumbrarnos. Y aprender a no pedir más, porque no puede haberlo. Sin ella, es imposible. Se nos fue. La extraño. Donde quiera que estés, desde aquí te saludo, Calidad.

De José Alfredo Prida Busto

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2 comentarios en “¿ADONDE SE HABRA MARCHADO?

  1. Yo creo que es muy importante saber que la calidad que no se exige no se obtiene. Aquí el dominicano no sabe exigir, tampoco sabe comportarse para que las cosas funcionen con mayor calidad, no puede detenerse ni a hacer una fila en el sitio que le corresponde. Me parece que todo es un círculo vicioso.

  2. dtezanos dijo:

    Totalmente de acuerdo. Tu sabes que ha pasado? que nos hemos acostumbrado a que nos traten asi, y no hacemos nada. Incluso cuando nos toca reclamar algo no lo hacemos de la forma correcta, ni en el tono correcto.

    En este país el cliente entiende que porque es cliente puede maltratar a la persona que le brinda servicio. Pero del otro lado se da que el que te brinda un servicio muchs veces toma la actitud de que lo que está es haciéndote un favor, en vez de empeñarse en asistirte.

    Es un lio !

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