Pequeñas Grandes Emociones

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Debemos sonreir más. La vida se nos pasa muy rápido, entre responsabilidades, planes, sueños, compromisos, caminos, desvíos y complicaciones. Y entre tanto y cuanto volvemos a añorar las cosas pequeñas.

Deseo que la vida nos siga sorprendiendo, de la manera en que los enamorados pariguayos lo hacían cuando te mandaban a la “cárcel” en un Field Day del Colegio Santo Domingo.

Que volvamos a bailar como si nadie estuviera mirando; de la misma manera en que se nos metía el alebrecamiento cuando sonaba I Just Can’t Get Enough en Neón.

Que nos llenemos de Tolerancia, de esa que nos hacía sentir alternativos, que todo era posible y que teníamos que aceptarnos como somos, al momento de escuchar The Beauty of Gray en Nuevo Mundo.

Que iniciemos nuestras semanas con la misma alegría nos movía a bailar en las sillas al sonar De Los Piés a la Cabeza en los lunes de Café Atlántico. (Sí… Maná)

Y que la cerremos cantando malas palabras y dándonos codazos para bailar en los muritos al son de Mony, Mony en Euroclub,

Que el dinero nos rinda tanto como cuando los Tom Collins estaban a 10.00 en Don Pincho, pero sin indignarnos porque los subieron a 15.00.

Sé que imposible reproducir un momento, pero sí es posible replicar sensaciones y emociones y eso es lo que deseo; porque todos de diferentes maneras, y sea cual sea tu canción, merecemos sentir y repetir la felicidad, la que viene de a poco, la que es de verdad.

Así que al volver a pensar que la felicidad llegará de la mano de grandes planes de vida, de la próxima nueva gran aventura, de ese momento definitivo que cambia la existencia, y en algún lugar de esa espera, de esa planeación estratégica, de ese “definitivismo” esperado, se nos vaya pasando la vida…. Deseo que algo nos traiga al momento, a la realidad, a la emoción del presente…. algo tan bueno como que  al llegar a casa, descubras que están friendo salami. 

Hasta que nos volvamos a ver

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En el fin de semana falleció mi abuelita, la mamá de Papi. Vió crecer sus hijos, y la vida le dio la tristeza de enterrar dos de ellos, estuvo para sus nietos, y conoció a sus bisnietos.  Me gustaría que hubiera sido una presencia más fuerte en mi vida, pero las circunstancias y el tiempo nos fueron adversos. Tuvo una vida larga, 101 años; y como decía mi prima ayer, no queda más que agradecer porque no se puede pedir más.

Aunque era un evento que en cierta medida la familia esperaba, por su edad y su salud, no deja de ser una dolorosa experiencia sobre todo para sus hijos. Ver a mis tíos despedir a su mamá con ese dolor que sólo el que pierde un padre puede experimentar, me trajo muchas cosas que hacía mucho no recordaba.

Me vi a mí en su lugar, hace 20 años; y no es un lugar bonito o placentero para estar. Viéndolo desde ahora, nunca había visto un funeral con tanta gente, parecía mitin político. Y entre tanta confusión de ver y gente y estar de un lado a otro, fue reconfortante escuchar a todo el mundo, sobre todo muchísima gente que yo no conocía, acercarse y expresar lo cool y buena onda que él era.  Nada nuevo para mí, eso ya yo lo sabía.  Me descubrí cuestionándome si todavía podría recordar su voz, y sí la recuerdo perfectamente; y su risa que era como la de Pulgoso el perro de los Autos Locos, y que daba más risa escucharla que el chiste en sí.

Hace 20 años que fui por primera y última vez a la tumba de papi, no volví porque sentía que él no estaba ahí, que él era y es más que eso y que aunque es importante para muchos tener dónde recordar a sus muertos, yo sentía diferente, porque yo lo recordaba siempre.

De seguir vivo, Papi habría cumplido en este mes de febrero 72 años; sólo vivió la mitad de años que su mamá. Aunque por ley de vida uno entiende que los papás se irán antes, nadie nunca está preparado para eso, la verdad es que todo eso es incierto,  este tiempo es prestado, nos vayamos a los 101 años, a los 52 o antes del primero.

A uno cuando está creciendo le inculcan que la única responsabilidad del ser humano es ser feliz. Y es cierto.  Sin embargo yo me iría más allá, yo creo que es importante que al dejar este plano en el tiempo que sea, la gente pueda recordarnos con cariño, con agradecimiento, con recuerdos de buenas acciones y de haber podido también hacer felices a otros, que haya historias de haber tocado otras vidas de manera positiva.  La vida puede ser muy corta o muy larga para herir a los demás, be Kind to one another como dice Ellen. Aunque creas que no haya nadie mirando, no subestimemos el poder que tiene una buena acción para con otros por más insignificante que sea, y que el cariño se demuestre siempre porque después no tendrá sentido.  Como le dijo el pana de Gladiator a Russell Crowe: “What you do in life echoes in Eternity”.

Hasta que nos volvamos a ver abuela, saludos a Papi.

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No escuchó la puerta cerrarse.

Tenía rato dando vueltas en la habitación, no recordaba dónde pudo haberlo puesto. La vida era así de distraída con ella, porque ella nunca aceptaría que la distraía era su cabeza. Había aprendido a vivir de esa forma, extrañaba cosas y entonces las buscaba, nunca pensó en las garantías que trae poner las cosas siempre en el mismo lugar. Ahí no hay perdedera, siempre en el mismo lugar, es una apuesta segura, siempre en el mismo lugar.

Se detuvo. Se tocó los senos (porque cuando uno busca algo antes de tocarse los bolsillos traseros lo primero que hace es tocarse los pechos), se revisó los bolsillos. Nada. Quizás sería bueno retroceder los pasos y ver dónde estuvo. Pensó y pensó y no podía recordar en que momento ya no estuvo en sus manos. ¡Quizás lo habían robado! ¡No, no, no!, no había chance. Sería algo que recordaría, no sucede todos los días.

Abrió cajones y busco en closets, es como si nunca hubiese existido.  Se sentó en la cama con la cabeza entre las piernas y entonces lo entendió. Nunca había estado fuera. Mientras lentamente levantaba la cabeza descubrió que siempre estuvo dentro de ella.

Ahora sí escuchó la puerta cerrarse.

Música

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Camina al son de tu propia música.

Esa que es única, que sólo escuchas tú.

No permitas que el ruido de la vida opaque su sonido, y las distracciones de la cotidianidad te confundan. Precisa que el ritmo de los demás no cambie el tuyo, que dances a tu voluntad.

Llegará el momento en el que la música de alguien, con sus infinitos contrastes se mezcle con la tuya en una cadencia perfecta, en una sinfonía de notas discordantes que rebosen armonía, creando el sonido más hermoso de la vida.

Sin olvidar nunca… caminar al son de tu propia música.

Aquí sí se Discrimina

Estereotipos

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Este podría ser mi post más superficial, o quizás no, dependerá del color de los lentes con los que Ud. lo lea.

Aquí se discrimina.

Usted lo puede poner de la manera más bonita, decir que es open-minded, y eso puede ser cierto.  De hecho me gusta pensar que salvo algunas oportunidades, yo acepto o intento aceptar las personas como son.  Pero incluso yo no estoy exenta en algunas oportunidades de tener juicios errados y disfrazarlos de “tener una opinión”.  Es en esas oportunidades que pongo frenos torpedo y me auto-examino.  Pero pasa… eso pasa.

Últimamente he visto casos y hechos cada vez son más frecuentes de personas allegadas que de alguna u otra forma se han sentido juzgados y han sido maltratados por su apariencia, forma de pensar, orientación e incluso género.  No sé si la cosa está peor o que ahora la gente ya no tiene miedo a compartir esas experiencias que antes les hacían sentir vergüenza.  El mundo está cambiando, y el miedo a denunciar se está perdiendo.

No todos podemos ser como mi amiga la Pinta (Patricia), que acepta a todo el mundo, que maneja el umbral de la belleza más amplio que conozco, para Pat nadie es feo, ella siempre le encuentra lo lindo,  puede ver belleza en todas partes.  Créanme, cuando Patricia dice que alguien es feo es porque no hay remedio, y creo que muy pocas veces lo he escuchado.

Voy a generalizar, porque es más fácil y porque no tengo una estadística para comenzar a tirar números y porcentajes, pero aquí se discrimina por color de la piel, cabello (sea la textura o el color), el carro en el que usted anda, los zapatos que se puso (sí, discrimino a todo el que tenga más de 15 años y ande en la calle con unos crocs sin ser médico o chef), por los tatuajes, el apellido, si es feo, por su orientación sexual, posición económica y hasta sector donde vive, así como  una infinidad de cosas que  no deberían ser parámetro para nada.

Aquí en este país (porque yo vivo aquí, es la sociedad que me nutre… o desnutre, depende cómo lo vean), se discrimina por todo.  Estoy segura que en otros lugares también, en muchos.

Hace un par de años luego de caminar incansablemente por NY el día entero y sin haber parado a comer, mi esposo y yo (en aquél entonces, novios), ya rendidos del hambre y cansancio entramos a un restaurante que por fuera no decía nada, pero que al entrar sorprendía.  Para ilustrarlos, todo el que estaba ahí estaba trajeado o con ropa de trabajo, imaginen un after-office de gente tipo Wall Street, bueno… así.  Y nosotros  con el hambre y el cansancio reflejado en la cara, jeans rotos, tennis y Hoodies; y una hostess impecable que nos hace la temida pregunta: “Tienen reservación?”. De inmediato pensé “mierda, nos van a rebotar”.   Al responder que no, su respuesta fue una amplia sonrisa y un “that’s ok, we’ll find you a place”.  Debo decir que en pocos lugares me han tratado tan bien, así con la cara brillosa de no haberme bañado en todo el día.  Ojo: No digo que allá no discriminan, porque claro que sí!  Pero en ese lugar en específico, no fue así, y eso marca una diferencia que todavía hoy la recuerdo.  La gente siempre recuerda cuando la hacen sentir bien.

He estado en ambos lados del prejuicio del peso, he sido flaca como maría-palito y grande como Nedoca de dos puertas, y el trato en ambos extremos es diferente.  No me refiriero sólo a los hombres, de hecho siempre he pensado que en la mayoría de los lugares los hombres brindan un mejor servicio, no matter what, y yo trabajo brindando servicio, yo hablo con base.  Las mujeres te miran de arriba abajo y es probable que aunque tu autoestima sea de hierro y andes regia, esa mirada te haga cuestionar si saliste con el ziper abierto o si tienes los dientes llenos de pintalabios.   Suena feo, está mal que yo lo diga pero tuve la “suerte” de que  Dios no me hizo fea, me dio los cabellos “buenos” y el presupuesto para ser rubia, porque si cuando estaba como Tinaco de 500 Gl,  hubiera sido fea, me habrían puesto a hacer más filas que un día de cobro en Orange.

Este complejo de Guacanagarix todavía lo tenemos tras las orejas, al igual que el negro, como dicen en el campo.  Aquí el trato cambia cuando se es blanco, rubio y con los ojos de colores (porque el marrón y el negro aparentemente no son colores).  Aunque usted sea de los rubios de Constanza, esté más ruyío que salami colgando en colmado, y todavía tenga los cadillos en los pantalones, es probable que hasta alfombra el tiren para que camine.  Y sin embargo todos los blanquitos del mundo vienen a playas caribeñas a freírse en el sol a ver si cogen nuestro colorcito aceitunado, moreno hermoso.  Como dicen los gringos: The grass is always greener…

Recuerdo que duré como 9 meses antes de mostrar tatuajes en la oficina.  En cierto sentido esperaba que mi desempeño estuviera “probado” antes de mostrar semejante atrocidad en mi lugar de labores, y que la percepción de la gente cambiara.  Nunca cambió.

Siempre he querido tener el cabello largo y rizado, como Fátima la de La Reina del Sur o Jade la del Clon (la versión Brasileña, que la otra fue un tollo), y no me crece ni se me riza.  Y todas las chicas con el pelo rizado pasándose un Avlon cada tres semanas; y lo peor de todo: Muchas no quieren hacerlo.  En este momento, y desde hace meses,  quisiera tener el cabello morado, así como el tono de Kelly Osbourne, pero cada vez que pienso en lo mucho que me gusta cobrar los 15 y los 30, se me pasa.

No voy a mencionar lo de la orientación sexual, para mí una de las cosas más estúpidas del mundo.  Qué importa con quien usted se acueste en la noche o  de quien se enamore, si el amor es tan bonito.  Por qué sólo reservarlo para unos cuántos? A usted quién le dio el privilegio de decidir quién puede y quién no puede vivir el amor?  Cómo va a afectar eso sus cualidades como persona?  Es tonto, es inexplicable.

No es lo mismo llegar en un Picanto que en un vehículo del  año, preferiblemente Jeepeta y carro largo de lujo a un restaurante de esos de moda.  Porque el Valet lo va a mirar como si hubiera llegado en un Lada del 82, tomará las llaves con los dedos de las manos extendidos, arrugará la cara como si jediera, y lo más seguro le deje el carro mal parqueado.  Si por el contrario llega en un Mercedes CL-Class 2015, ese hombre va a brincar de la silla, va a quitar a todo el mundo del medio y removerá dos conos mamey que tiene guardando un parqueo VIP al ladito de la puerta del local; y se dirigirá a usted como  “jefe”, “comando”, o “dama”.

En otras sociedades, ser artista es algo celebrado, es exaltado, impulsado y motivado desde temprana edad.  Aquí ser artista  es un reto, un reto para demostrar que no se es un vago que quiere vivir del cuento.  Se les inculca a los niños a buscar un trabajo de verdad, a tener una profesión y entrar en un molde que no es propio.  Se les reprime el espíritu.  Qué no diera yo para poder vivir escribiendo!?!

Sin embargo, todo esto se cae si usted tiene dinero, y me refiero a mucho.  Si es así se va a pasar por alto todos esos detallitos insignificantes como que usted tenga una “lavadora”, o sea un lobista de criminal altamente conocido.  En dicho caso hasta las familias de abolengo aparecerán abrazándole en alguna foto en medios sociales, aunque a puertas cerradas lo desprecien, pero la necesidad tiene cara de hereje.

Deseo y espero que eventualmente todo esto cambie, tengo mucha esperanza porque mi generación sigue despertando.  Es una labor difícil y que necesitará varias generaciones, pero no es imposible.  Es un trabajo fino que debe comenzar en casa, inculcando tolerancia y respeto frente a las diferencias, y apreciación frente a la vida y sus matices.  Pero “en el mientras tanto”, en lo que el hacha va y viene… si usted tiene la desdicha de ser fe@, gordit@, de tez oscura, llego al restaurante en un Corolla del 91, no tiene onda, su apellido es Martínez (y no sigue con Del Orbe), nada más que se jodió.

Me estrené con UBER

File illustration picture showing the logo of car-sharing service app Uber on a smartphone next to the picture of an official German taxi sign

Por lo general yo voy a la oficina en Taxi, así que cuando me hablaron de Uber y vi la interesante propuesta y las tarifas estimadas que tira la aplicación, por supuesto que estaba loca por solicitar uno.

Y esta mañana por fin encontré disponible! La verdad es que tenía alrededor de una semana tratando de ubicar uno y no encontraba vehículos disponibles en las áreas donde estaba (los solicité desde tres locaciones diferentes). Debo decir que en contraste con los taxis regulares, tiene sus muchas ventajas.

Lo primero es que no hay intercambio de efectivo. O sea que se acabó el pararse en una Bomba a cambiar dinero porque el Chofer no tiene menudo. Aunque uno le pague con 500 pesos y la tarifa sean 250, ellos “no tienen menudo”.

Garantizan que te enviarán un vehículo en excelentes condiciones, con aire acondicionado.  No hay miedo de que se te vaya a romper la ropa, que el asiento esté mojado, que los cristales no bajen y que el aire “ayer mismo se dañara”.

Una de las cosas que más me gustó es que no hay que llamar, usted solicita en la aplicación y ellos le informan si tienen vehículos disponibles y cuál vehículo lo estará recogiendo (informando el número de placa, marca y modelo del mismo), así como el nombre del conductor. En la aplicación uno sigue el trayecto del vehículo hasta que se encuentra en la puerta de tu casa, dándose cuenta si está metido en un tapón, y en qué tiempo estimado llega. Así se evita uno salir a la puerta de la calle, arriesgándose a un atraco oportunista, parada como una vela a esperar que llegue un taxi que dijo hace 15 minutos que llegaba en 3, y que cuando uno llama a la base le dicen “dele un minuto” y uno le da 5 y nada de aparecer.

Al llegar el vehículo el conductor se desmontó, verificó que yo era la persona a quien venía a recoger y se presentó. Para mí es muy importante la seguridad, y además esto evita que el vehículo sea abordado por un pasajero equivocado. Yo creo que aparte de estas formalidades lo único que el conductor, quien de paso estaba muy formalmente vestido, (cero camisillas y pantalones en las rodillas), sólo me hablá para preguntarme qué tipo de emisora prefería escuchar y algunas cordialidades.  Lo que está muy bien porque odio que me pongan tema.

Luego de mil tapones y llegar a la oficina, en la aplicación el conductor da por terminado el servicio y el sistema ofrece la tarifa a pagar, la misma es cargada automáticamente a la tarjeta de crédito. Una maravilla.

Sin embargo me atrevo a dar un par de recomendaciones para quienes deseen usar el servicio:

  1. Si vas a distancias largas en horas pico, donde todas las rutas son tapones eternos, como yo que tengo que atravesar la ciudad para llegar al trabajo, te recomiendo pedir un taxi regular, un taxi regular te va a cobrar la tarifa X, sean 200 o 250 pesos, ya sea que dure 25 minutos o 1 hora para llegar. Puede que al taxista se enoje y se pase el viaje entero tirando chuipis, arrugando la cara, y zapateando en los semáforos, porque usted va muy lejos y porque los tapones están en todas partes, pero al final le va a cobrar la tarifa de la base. Yo hoy pagué el doble de lo que pago en un taxi regular en el mismo trayecto a la misma hora.
  2. Si vas a solicitar el servicio, no esperes la última hora para hacerlo ya que como no hay muchos vehículos registrados, puedes durar un buen rato hasta que encuentres alguno disponible.

Intentaré tomarlo de nuevo en otra hora y la misma distancia para ver qué tanto es la diferencia en precio, cuando el tiempo es menos. Mi viaje de esta mañana fue de 59 minutos.

La verdad es que aunque pagué más de lo esperado/estimado, no me arrepiento de haberlo hecho pues fue una experiencia muy diferente a las cuerdas que normalmente yo cojo con los taxistas.

Esta mañana viajé con Enrique en un Kia, pero no recuerdo el modelo.  Recibí un muy atento servicio y altamente recomendado.

El Que No se Puede Tirar, Que Se Jondée

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Hace unas semanas tuve mi primer trabajo, podríamos decir “grande”, como parte de un proyecto personal que estoy iniciando. Y aunque sé que puse todo mi esfuerzo, y que trabajé lo mejor que pude dadas mis capacidades, me quedaba cierta duda del nivel de satisfacción del cliente, sobre todo porque era la primera vez que me tocaba trabajar con él, y es muy importante retenerlo. No fue hasta que recibí una retroalimentación positiva que me sentí totalmente contenta con el trabajo.

No es que no me encontrara satisfecha, porque sé que estaba bien, sin embargo es muy diferente la energía que uno siente cuando recibe retroalimentaciones positivas de los demás.

Cierta incertidumbre se crea cuando se inicia algo nuevo, y muchas veces uno se deja envolver en la ansiedad que crea el miedo y no toma acción. Pero no tomar acción, ES tomar acción, se toma la opción de no hacer nada y pues… nada pasa.

El miedo es una cosa que puede paralizar hasta al más “duro”, si se llega a experimentar, y a todo el mundo le ha pasado eso en algún momento, que no sabe qué hacer o simplemente decide no hacer nada frente a una situación X.

Particularmente, yo ODIO los libros de autoayuda. Me parecen redundantes y en realidad sólo dicen cosas que uno ya sabe o se imagina, ya sea que lo aplique o no. Entonces me parecen aburridos. Es como el existencialismo (para mí, claro), me estresa. Cómo puedo pasarme una semana leyendo sobre el significado de la vida como que le saca la emoción a vivirla. Así que por favor, no vean estas líneas como algo parecido porque no lo es.

He aprendido a ver el miedo como “un indicador de importancia”, si no me da miedo, entonces no es importante, carece de importancia para mí lo que pueda ganar o perder, por lo tanto no es motivador, no es retador. El miedo me indica cuando algo es importante para mi, para mi seguridad, para mis necesidades.

Hay gente que habla de que no le tiene miedo a nada, como mi amiga Violeta, que sólo le tiene miedo a las cucarachas, y no la culpo, yo también, yo puedo rajarme a dar gritos mientras salgo juyéndole a una. A veces quisiera ser así, porque al final la gente así es la que todos perciben como Valientes.

Sin embargo yo creo que existe otro tipo de valentía, y es esa que resulta de actuar a pesar del miedo. La determinación de no sentarse a esperar que llegue el coraje, sino ponerse la cachucha para atrás y meter mano. Hay algo que uno nunca podrá controlar y son los resultados, por eso es que uno tiene que olvidarse de cuáles serán, y enfocarse en el trabajo que tiene por delante, ya sea algo personal o laboral, dejando de lado los posibles resultados, porque al final si no logras lo que te has propuesto es 100% seguro que terminarás siendo mejor persona que cuando comenzaste. Como escuché a un gringo decir: You gotta get through it, to get to it.

Es bueno rescatar eso que siempre quisiste hacer y por algún motivo lo tienes en una gaveta de tu cabeza, dale un chance e inténtalo, podrías no llegar a nada, pero podrías lograrlo. En cualquier caso lo que sí es seguro es que te brindará una gran satisfacción el haberlo intentado. Aunque sea algo tan sencillo como tirarse de los 27 Charcos de Damajagua, el valor es algo que le das tú.

Así que sea cuál sea tu proyecto: un nuevo trabajo, estudios, nuevas responsabilidades, aprender a bailar, emigrar, iniciar un nuevo régimen, aprender a nadar, o incluso a tejer; si sientes ese miedo que amenaza con dejarte en tu zona de confort y no te permite lanzarte, hazlo… porque si lo sientes, definitivamente es importante.

Como diría Doña Josefina: El que no se puede tirar, que se jondée.